lunes, 16 de marzo de 2020
Enterrando Caballos
¿De que me traiciono al ver mis ojos de silencio perdido?
Caen como el frío
los pensamientos de ternura
que alquilé en mi corral,
y mueren mis caballos congelados,
pobres sin nunca conocer la pampa
Y lo que es el color del sol
en sus grandes melenas morenas.
Y así se va alejando
entonces
la figura triste de un hombre triste y silencioso
tras enterrar a sus compañeros,
indómitos hasta que la muerte se hace de ellos
y entonces mansos, mansos y tristes, como el barro.
Y entonces se pierde,
sin ningúna intuición,
solo con el barro y el sol,
y se va volviendo barro,
en cada barro que encuentra bajo sus pisadas mansas.
Se siente parte de alguna traición
que se atraviesa a si mismx,
cómo los ojos que ven y las lenguas que prueban.
Alguna vez crió caballos,
y corrió junto a sus hijos e hijas
por el costado de un tren,
y por la inmensidad del desierto.
Las montañas se hacían con el polvo de sus pisadas fuertes e imparables,
el tren era solo un pensamiento más
que pasaba lento por el ojo del caballo,
y el sol era de barro húmedo
que goteaba frío sobre los lomos quemados.
Alguna vez fue con ellos,
lo que el rayo al espíritu,
lo que el ojo al tren,
lo que el barro al sol y en eso,
sucumbía su hambre de crear, de existir.
Hoy entierra caballos en donde pisa,
y se llena de barro,
y se llena de barro
y se llena de barro
pero nunca de sol,
y nunca más lo hará,
nunca será lo que el ojo al tren,
la cabalgata y ni el rayo,
ni el hambre.
Hoy entierra en su propio pecho de barro,
un montón de pensamientos,
un montón de caballos sueltos
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