Llorar a tropezones
como si ya no estuvieras,
temblar como tiembla
el rayo en la tierra,
afirmarse el pecho
por que algo expulsa
de manera indomable
esperanzas,
y estoy mirando la ventana
dibujos, mandalas
cada forma se transforma
en tu forma
y aplaudo pasiones
con mi garganta abierta
todo para saber que aún
sigues allí.
Y el tiempo me ha curtido
los nervios de ternura
cuando tengo que ser paciente
con las costras del alma
que se caen de a poco
para revelar que aún
somos niñxs que lloran
en la esquina más imperturbable
del mundo.
Y allí estás,
parada en un espacio imaginario
cada día, todo el día,
y te insisto
la luna absurda de mi pecho
para que nunca más
te sientas sola.
Y te escribo como si
fueras tú la frágil
mientras mis manos se deshacen
de a poco ante la incertidumbre,
ante el miedo de aquel día
que partas.
¿Podré elevar mis pañuelos blancos,
cuando el tren tome marcha,
y a mi me toque esperar
entre primaveras
y ansiedades?
Lo cierto
es que te amo
de tiempos que aún
no llegan,
de tiempos
que ya fueron
de la nostalgia infinita
que es ser
el uno para el otro
pero
totalmente distintxs.
Y lloro a tropezones
como el rayo en la tierra
como el pecho indomable
la esperanza
y la luna absurda
que insisto en regalarte.