Desenredaría mi corazón
de toda frágil desnudez,
de la mayúscula forma
de hablar del contorno
que no existe,
más en lo basto
suenan lápidas a lo lejos
y el aire que impulsan al caer
empolva el mar por encima,
lo tiñe de un espeso multicolor
indeterminado y confuso
más no se seca.
Hablo de lo que nos concierne,
lo que constantemente nos derrota,
aquello del bien y el mal,
del ser o no ser
tomar o no acción de algo
ser rayo que hiende el espacio
y terminar de abrir las heridas
para luego alegar soledad.
Cuando terminan de irse las palabras
(no se a donde)
sentimos la caída saturada
de ruido mudo
- como una cámara
enloquecedora -
y nos perdemos de toda
soltura del alma.
Pero en este infierno
también estoy.
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