Se abraza a sí misma, la luz
como enredadera del canto
que recoge tiernamente nuestras tristezas.
Miradas perdidas,
dentro de un gran cráter azul.
Una baba de lirio
un sorbo de luna
y la estación que creamos
dentro del dormitorio,
donde el viento corre,
las hojas caen,
el cuerpo suda.
La línea es una mentira
la piel redondea infinitamente
lágrimas secas, invisibles
y por algún extraño motivo
que aún desconocemos,
podemos ver.
Entra un rayo espectral
de nuestros silencios,
y nos recuerda que todo es incierto,
que trepidan los huesos de la ansiedad,
y que el sonido del polvo que pisamos
es nuestro refugio imaginario.
Miramos como si viéramos todo
y hay tanto que desconocemos,
pues la vida nos tiene preparado
un banquete de
incertidumbres, penas,
placeres e iluminaciones.
Recuerda cuando digo
que todo lo que sale de mis cuencas
es tan real como la pena que ocultas
bajo ese manto carbonizado de desierto,
más yo te abrazo y espero paciente
la caída hacia tus profundidades
en la espera de encontrarme
con bestias
para posar mi mano en su respiración
y dormir (quien sabe) un poco mejor esta noche.
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