domingo, 3 de noviembre de 2024

De mañana

Despertabas y mirabas su rostro oscuro, hundido por la misma sensación de años, de dormir poco, de dormir mal, de tener el sueño liviano, ojeras que costaba trabajo ganarse, después de todo, no cualquiera daba cara ante años de depresión escondida bajo frases clichés de toda persona triste. 
No quería un abrazo, mucho menos un beso de buenos días, solo te quería ahí, a su lado, en silencio, podías leer un libro mientras, ni se te ocurra mirar el celular. Podrías esperar a que los sueños terminaran de suceder con sus ojos abiertos, o simplemente te levantabas y preparabas tostadas, siempre tostadas, el mismo desayuno por años. Si esperabas te rugían las entrañas, pero el precio de aquello no podía ser otro que una caricia, o un beso, o que se yo, algo que te dictara que estaba allí, pero mucho más importante: que tú estabas ahí. Caricias y besos que no llegaron, entonces te das vuelta y miras su habitación, llena de ella y nada de ti, te agradaba la decoración única, pero todo era tan ajeno, aguantas una lágrima que se juntaba entre el lagrimal y el tabique, la sorbes como si fuera importante no perder ni un poco más de ti. 

Para cuándo ya había movimiento, preguntaste cómo había estado el sueño y entre regaños, hastío e indiferencia una leve palabra, un leve sonido, no te quieren contar tanto, tu hablas sin parar y un movimiento de su cabeza te hace saber que hablas demasiado, que deberías entender, "se trata de sentido común", te dirían, tu no entiendes de lo común, pero callas, es mejor.
Preguntas ¿Que haremos hoy?, Te habla de cosas que ella tiene que hacer, nada de "haremos". Si tú quieres acompañas. Y acompañas. Intentas que se haga tuyo su día también, no lo logras.

Mal augurio, le duele la cabeza otra vez, tu comentas, un tanto paternal, "quizás es por qué fumas antes de dormir", te responden: No. 
Tu sabes que no debes insistir, no seas esa clase de persona, te dices. Crees que todo va a salir mal, entonces comienzas erratico a intentar buscar algo interesante que decir, algo interesante que proponer y para cuando ya quieres hacer algo al respecto ya te han gritado una o dos veces. Concluyes que todo está mal, no entiendes la fórmula, quizás no es tu área de especialidad, quizás acá no aplican tus leyes y te confundes otra vez, te acostumbraste a esa rutina, pero tú querías un abrazo al despertar, un beso entre risas, burlarte de los peinados que la noche se encargó de estilizar, querías más desayunos sentados mirándose, poniendo música, hablar de la luz y sus efectos en la realidad, o de los últimos animales descubiertos este año, querías hablar, había tanto de que hablar. El silencio ya lo tenía la noche. Querías volver a la cama, hacer el amor, las tareas para otro dia, aunque sea solo un día, te hubiera bastado, pero te acostumbraste a la rutina, a su rutina, de alguien que no te veía con ojos de encanto, si no el infinito fractal de ella misma reproducida una y otra vez en su guarida ósea y de cristal, repitiendo frases clichés para evadir la angustiante realidad de no ser capaz de amarte.

- ¿Por qué te quedas?
- "Por amor" - Mientes.

Pero dentro de ti, sabes que no es mentira, amar a alguien que no te ama, no significa que tú no seas capaz de hacerlo, solo eres un tonto corazón que se apiada y se confía de la ilusión que te contaron alguna vez. Crees que después de todo, podrán quererte tal y como estás, con tu gran vendaval de palabras y gestos. 
Pero te encuentras de frente otra vez con alguien repitiendo frases clichés para evadir que estás ahí. 



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