Frente a un mundo sin ventanas
Y la sangrienta desazón de mirar
-mas allá-
Nos arremete un cúmulo de pelusas en los labios.
Arrepentimos las miradas tristes
Pero nos colmamos de antojo
A veces nada importa
Sin embargo, nos tapamos con los trapos sucios
Y abrimos una ventana al ombligo lleno de vida,
No podemos alimentarnos más
De lo que no podemos ver.
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