En este impulso de luz
celebro mis derrotas
y tomo mi sangre
como tomo el aire
antes del vacío,
la vuelvo leve ante el reflejo
y abrazo mis ojos
que lloran por todo:
por el mundo
por los placeres y el vino
por el hombre inventado
y los nombres
que no alcanzo a terminar de pronunciar.
Se acaba el límite
para las líneas amarillas
que atraviesan mis venas
y me recuerdan la descomposición
de mis queridos hongos
que crecen sobre los miedos,
miedos de la gente del mañana.
¿Dónde ha ido el cuerpo
que todo lo aguanta?
Rezumando está la Luna
que habita mi cuero
y expulsa de mí fluidos bellos
que dibujan sombras
que me abrazan, me contienen,
y yo les hablo, les doy las gracias,
al negativo de mi propia materia,
y allí por fin
la caída.
Celebro esta derrota
una más
que me recuerda
que soy inmortal.
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