Nos embriagamos
bajo el pacto de la amistad
y dejamos en pausa
los códigos.
Bebimos y bebimos
hasta reírnos de nuestros
propios pasos y ademanes,
hasta olvidar quien eramos
el uno para el otro.
Tú lucías con mirada
de pájara ardiente
y alas de azul plumaje,
mientras yo borracho y sonriente
caminaba como pisando
tierra ajena, desconocida:
me sentí libre.
Nos atrapó la noche
y sin lucidez, tanto así sin luna
sin nada que proteger,
nos acorralamos entre los barrotes
y el beso pesó años
y duró tanta oscuridad,
puesto que, al abrir mis ojos
te hallabas desnuda,
tan bella, como el corazón
del veneno, tan nuestra
como los arreboles salvajes.
Y juramos anexados
nuestros cuerpos,
mantener un amor oculto,
vivo y presente, profundo,
amor que juega
entre nuevas trasnoches
y cantos callados, susurrados.
Dimos una última mirada.
Al verte hoy pasar
por mi frente y mis pestañas
puedo entender
como lo haces,
(quizás no lo sepas),
pero tienes bastante fuego,
tanto así, como para quemar
la noche.
No hay comentarios:
Publicar un comentario