sábado, 2 de mayo de 2020

Vanidad del vacío

Un furor de lágrimas
estalla como vidrio
tras el golpe de las venas,
y la soga pendúla
después de caer
el cuerpo.

Pendúla y susurra irónicamente
el paso del tiempo
entre el espacio del bien
y del mal.
ese espacio
que llamamos tristeza.

Si estuviéramos en silencio
sabríamos oír
y existir entre esta realidad
y la otra,
como el fugitivo electrón
que nos trae mensajes
de carne y materia para evadirnos
las verdades.

Quietos sabríamos nuestro lugar,
como lo sabe el árbol,
imperceptible movimiento
de quietud.

Fuimos condenados a vagar,
fuimos condenados a alzar
la mirada por sobre nuestras espaldas.

Fuimos condenados a sentir
hambre y placer,
ambos impulsados
por la vanidad del vacío.

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