Un furor de lágrimas
estalla como vidrio
tras el golpe de las venas,
y la soga pendúla
después de caer
el cuerpo.
Pendúla y susurra irónicamente
el paso del tiempo
entre el espacio del bien
y del mal.
ese espacio
que llamamos tristeza.
Si estuviéramos en silencio
sabríamos oír
y existir entre esta realidad
y la otra,
como el fugitivo electrón
que nos trae mensajes
de carne y materia para evadirnos
las verdades.
Quietos sabríamos nuestro lugar,
como lo sabe el árbol,
imperceptible movimiento
de quietud.
Fuimos condenados a vagar,
fuimos condenados a alzar
la mirada por sobre nuestras espaldas.
Fuimos condenados a sentir
hambre y placer,
ambos impulsados
por la vanidad del vacío.
No hay comentarios:
Publicar un comentario